Problemas 2: Fuera de casa

25/09/2019 Desactivado Por Noelia Cordero

            Fuera de casa o lo que es lo mismo, al salir a pasear, he tenido tres fases diferentes; y no porque la esclerosis haya ido empeorando, sino porque psicológicamente yo he ido mejorando y siendo más consciente de la enfermedad que me acompaña y que desde luego no voy a dejar que me pare y que me impida seguir haciendo mi vida. Las 3 fases han sido como la evolución de un Pokémon: fase 1, muleta; fase 2, andador; fase 3, silla de ruedas.

            MULETA: Esta fue la primera toma de contacto con que me pasara algo, de hecho, comencé a usarla poco antes de tener diagnóstico. Mi equilibrio me había abandonado y siempre iba por la calle de lado a lado como si me acabara de meter un par o tres de cubos de cerveza en el cuerpo, casi siempre iba agarrándome a una pared que hubiera cerca o si había alguna farola al tener que cruzar la calle era un buen punto de aguante para no caerme. Ahí es cuando decidí que necesitaba ayuda para salir a la calle ¿qué me pareció lo más fácil? Una muleta. ¿Por qué una muleta? No es aparatosa no cuesta manipular mucho, no es cara, no incita a que la gente haga muchas preguntas porque puede usarse por haber tenido una pierna rota; ¡la muleta era un gran fichaje!

            ANDADOR O CAMINADOR: ¿Qué sucede cuando llevas muleta durante mucho tiempo? El hombro empieza a dolerte horrores hasta el punto de que ni durmiendo puedes girarte sobre ese brazo. Un horror. Tuve que pasar a la segunda fase: adiós muleta, bienvenido carrito (yo lo llamo así de modo cariñoso) Siendo sincera, de las 3 fases esta ha sido la más dura y la que más me ha hecho llorar.

Primero en mi CAP un fisioterapeuta me ayudó a lidiar con el problema del hombre mientras elegía en Amazon el andador más adecuado para mí. Problema nº1 en todos o casi todos los caminadores está incluida la palabra anciano, yo tengo 28 ¿veis el problema que esta fase me estaba causando?

¡Tenía que llevar algo que los yayos usaban por la calle! Lo compramos, lo necesitaba, pero ufffff…

No disimulaba nada por la calle con eso, en el autobús y metro la gente ya me cedía siempre los asientos. Los vecinos me preguntaban por la calle qué me pasaba y como ya tenía diagnóstico lo tenía que explicar. Esa época fue muy difícil. Tuve incluso que dedicar una sesión con mi psicóloga de la fundación de la esclerosis a hablar del andador porque mentalmente me estaba costando mucho mentalmente. Obviamente en cuanto a mi movilidad por la calle había ganado mucho sin embargo, la presión de la gente podía mucho y más la gente que tampoco te conoce tanto o no sabe de tu enfermedad y se cree con derecho a darte consejos. La presión social es lo peor.

He acabado aceptando al carrito, en el que me puedo sentar que no lo he dicho, y pegándome muy buenos paseos, hasta que llegó la fase 3.

            SILLA DE RUEDAS:  Con el andador iba bien hasta que llegó Düsseldorf. Mi grupo de música favorito Take That hacía gira de su 30 aniversario este verano del 2019 y estaba claro que quería ir. Las entradas salieron a la venta poco antes de tener el diagnóstico oficial así que mi pareja y yo nos lanzamos a la piscina y compramos entradas para un sábado en Düsseldorf – Take That no viene de gira a Barcelona desde 2007 así que siempre he tenido que viajar para verlos- Pedí una silla de ruedas a la compañía con la que volaba para poder embarcar al carrito y ¡qué diferencia! poder ir por el aeropuerto sin estar sufriendo por la espasticidad de mi pierna. Empecé a pensar que para hacer trayectos más difíciles que ir a un centro comercial el andador se me quedaba corto. El fin de semana me dio la razón, acabé casi sin poder andar menos mal que tuve que renovar el andador y el nuevo tenía opción a usarlo como silla de ruedas si no me quedo en Alemania, los siguientes 3 días casi no podía andar y eso me hizo comerme mucho la cabeza.

No quería que la esclerosis me parara los pies o no me permitiera hacer las cosas que debía estar pudiendo hacer para mis 28 años, así que el siguiente día que tuve que ir al hospital a hacer rehabilitación les expliqué cómo había ido el finde y lo que me había costado andar. En seguida entendieron mis circunstancias y movieron hilos para que me dieran una silla de ruedas. Dos semanas más tardes, llegó mi silla de ruedas. Más bonita. Me abrió un mundo de posibilidades, se acabó el salir a la calle sabiendo que iba a sufrir. ¡Vuelvo a disfrutar en la calle!

            Estas han sido las tres fases, pero sigo usando cualquiera de las tres ayudas según cuál es el plan: si el plan es ir a comer a casa de mi hermana a comer, muleta; que toca rehabilitación, andador; que quiero ir a ver un museo, silla; cada plan requiere de una ayuda diferente así la esclerosis no me para los pies.