Silla de ruedas eléctrica I

06/01/2020 Desactivado Por Noelia Cordero

Ya sabéis de mis problemas para andar que acabé necesitando una silla de ruedas. Pero claro, la silla de ruedas manual necesita o de que alguien esté ahí siempre para empujarte, o de que uno mismo tenga la destreza y la fuerza como para poder autopropulsarse.

En el primer caso, mi padre trabaja todo el día y no me puede el pobre acompañar casi nunca, mi chico trabaja toda la mañana y por las tardes o tiene que ir a clase o quiere descansar y estar tranquilo en casa, y mi madre no sabe controlar bien la silla, además de tener una tendinitis en el hombro; resultado que alguien me lleve no siempre es posible.

En el segundo caso, la EM afecta en gran mayoría mi pierna derecha, pero también me ha quitado fuerza en los brazos. No puedo darme yo sola más de 5 veces seguidas. Yo no puedo aventurarme a querer salir de casa en silla sola, voy a tener que acabar levantándome a andar y eso puede acabar muy mal.

Visto lo justita, y la poca independencia que me daba la silla manual, me informé de cómo podía conseguir una silla eléctrica. También la financia la sanidad pública catalana, pero la tenía que solicitar mi doctora de la rehabilitación. Esta es la doctora que decidió que se me acababa la rehabilitación, y casualmente se lo comenté ese mismo día. Me dijo que iba a ser difícil que me la concediesen porque según ella no la necesito tanto, todo ánimos y positivismo la doctora eeeeh.

Pero nos llegó la carta de CatSalut de que me la habían concedido, fue como si me hubiese tocado la lotería – mi madre ya había dicho que si no me la concedían me la pagaban ellos porque me hacía falta -. En la carta ponía además de que la silla estaba concedida, cuál era el presupuesto del que disponía para poder ir a escoger la silla en cuestión, eso sí tenía que ir a una ortopedia de las que trabajan con la sanidad catalana (cualquier ortopedia no valía está claro).

Esa misma tarde, sin perder ni un minuto, fuimos a mi ortopedia de confianza -como a la peluquería siempre hay que ir a la misma ortopedia, sobre todo los enfermos que necesitamos ayudas técnicas – Allí estábamos Alejandro y yo por la tarde, les enseñamos la carta y nos llevaron a la zona de las sillas. De la silla necesitábamos dos cosas:

  1. Que no fuese más ancha que la silla manual porque, de lo contrario, no iba a caber en el ascensor de mi edificio.
  2. Que se pudiese desmontar o doblar fácilmente para poder meterla sin una gran problemática en el coche.

Había unas cuantas versiones de sillas de ruedas, pero había 1 que se adaptaba a la perfección a las dos condiciones indispensables. Igual de ancha que la que ya tenía y se podía doblar por la mitad como si fuese una tumbona. Era de las más nuevas y modernas que tenían. Me gustó mucho. La probé fuera de la ortopedia, y me di cuenta de que tenía que volver a aprender a conducir, y de que había jugado poco a la consola ¡qué poco control del joystick tengo!

Una vez me acabé de decidir definitivamente por esta silla, me dijeron que al día siguiente me la traían a casa. Lo único que necesitaba al tenerla ya en casa es que la doctora que la solicitó me la validara como dando conformidad a la silla que había escogido, la semana que viene os cuento cómo fue todo esto…

···CONTINUARÁ···