«La vida de antes»

03/02/2020 Desactivado Por Noelia Cordero

Le he cogido el título de una canción a Funambulista porque la vida que tengo ahora es otra, pero es imposible no echar la vista atrás.

¿Qué echo de menos? ¿Cómo ha cambiado mi vida?

Sí, la esclerosis me está quitando la habilidad de caminar como se debe, de poder tener el control de cuándo ir al lavabo, y hasta de poner coger objetos sin que éstos se me caigan de las manos; pero esos no son más que síntomas de esta enfermedad con la que tengo que convivir.

¿Qué hay detrás de estos síntomas? ¿Qué hay detrás de esta enfermedad? En mi caso detrás de mi Esclerosis Múltiple se encuentra una chica que fue diagnosticada con 27 años, 27 años de ganas de comerme el mundo. Aparentemente, no me voy a poder comer el mundo tal y como lo había ideado. Daré guerra igual, solo que con otros términos.

¿Qué echo de menos? Posiblemente mucha gente no se lo creerá, pero ir a la universidad, estar en clase, es de las cosas que ahora mismo más me gustaría hacer. Es verdad que en silla de ruedas llegar en metro a Universitat es difícil, y más difícil aún si el aula en el que tuviese que cursar una asignatura fuese en el edificio antiguo en el cual no hay ascensor. También podemos sumar a esto que no puedo escribir de manera clara, ni durante mucho tiempo. Estas raciones y el no poderme concentrar son los que han hecho que haya tenido que dejar de estudiar, de momento.

¿Qué más echo de menos? Trabajar. Nunca, nunca, nunca he querido ser una mantenida; de ahí que estuviese trabajando durante 6 años en Starbucks. Mi coche, mis viajes, mi ropa, mis salir por ahí…siempre han salido de mi dinero, no puedo trabajar. No puedo caminar, pero tampoco podría estar de pie; y desde luego me considero con formación como para poder aspirar a algo más que ser teleoperadora, por ejemplo. Pero no sé por qué en ciertos trabajos, como puede ser una academia, no está buen visto una profesora en silla de ruedas.

Y por último echo tantísimo de menos mi independencia. Me gustaba tanto cuando estaba aburrida en casa salir a dar una vuelta. Cogía el metro, el bus o el coche, y me perdía por ahí toda la tarde, solo por el gusto de disfrutar del tiempo conmigo misma. A veces incluso salía de trabajar y me iba al cine, lo bueno es que no tenía que discutir por qué peli ver. Me iba a desayunar o merendar con la única compañía de un libro, eso no era únicamente por mi independencia, sino por despejarme de la vida. Por despejarme de la vida también solía salir a correr con mi MP3, y durante mucho tiempo con mi hermana, parecía que la vida no me iba a parar a más velocidad.

La vida no me ha parado, pero sí me ha obligado a bajar el ritmo.