Mi cárcel

25/03/2020 Desactivado Por Noelia Cordero

Me desperté, abrí los ojos, no sabía donde estaba parecía una habitación bastante oscura, costaba ver con claridad. Me levanté y miré alrededor cuatro paredes, una con barrotes. Era una celda de una cárcel ¿cómo había llegado a estar en la cárcel? Ayer estaba en casa, yendo a clase, me fui a dormir y hoy he aparecido aquí.

Me levanté de algo que parecía una cama, quería inspeccionar bien la celda, pero algo me impedía andar con normalidad. Miré mi pierna derecha y tenía un grillete que pesaba un montón. Casi no podía dar pasos, el grillete pesaba mucho, era como tener una pesa de 5kg, sólo podía andar arrastrando el pie, no podía ni tan siquiera flexionar el tobillo. Aún así, con mucho esfuerzo conseguí desplazarme a la pared que tenía los barrotes, a ver qué más había. Una vez llegue a los barrotes, vi más celdas como la mía con más presos. Así como yo tenía una grillete en la pierna derecha, había un hombre con un grillete en cada pierna sentado en su cama; había otra mujer, pero que tenía una especie de antifaz metálico que le tapaba los ojos, incluso niños me pareció oír llorar.

¿Qué era aquella extraña cárcel que tenía a tanta gente encerrada?

Al cabo de un buen rato se acercó lo que parecía un celador, en este caso celadora y me explicó un poco lo que estaba pasando ya que yo era nueva. La celadora no me inspiró ninguna confianza, era una mujer bastante pasada de peso y con una altura bastante considerable para ser mujer; pero eso no era lo peor, su mirada era ultrapenetrante, me estaba haciendo como un escáner de la policía. No me sentí nada cómoda mirándola cara a cara, me estaba como sentenciando, y quizás así era.

  • Esta es la cárcel llamada Esclerosis Múltiple, vas a estar aquí ya de por vida porque de este lugar no se puede salir, como puede que hayas visto es diferente para cada uno de los presos que estáis aquí dentro. Te dejaremos salir al patio por si quieres pasear, aunque con ese grillete puede que tu paseo sea más una tortura que una manera de desconectar. También puede pasar que hayamos empezado por tu pierna y por diversión otro día queramos afectar a tu mano, a tus ojos, que te provoquemos depresión o que incluso te hagamos perder el control de tu sistema urinario. Todo o cualquier cosa puede pasar aquí, ves haciéndote a la idea.
  • ¿Pero por qué yo? ¿Qué hago yo aquí?
  • Por suerte, o por desgracia, has acabado aquí. Esto es como una lotería, te ha tocado a ti el número ganador como Le podía haber tocado a tu vecino. Le podía haber tocado a cualquiera.
  • ¿Y nunca saldré de aquí?
  • No, puedes conseguir permisos para volver a tu vida, pero no te preocupes que nunca te olvidarás de este sitio, Esclerosis Múltiple nunca saldrá de tu cabeza, de tu vida. Si quieres sal al patio para digerir toda esta información que no es poca y mucho menos fácil.

Salí al patio, eso sí con mucho esfuerzo, a que me diera un poco el aire. Había más presos dando “paseos”, algunos tenían problemas con su mobilidad como yo; desde fuera teníamos que parecer una reunión de zombis como los de Walking Dead, no podíamos dar pasos firmes, íbamos de lado a lado teniendo problemas para aguantarnos.

En una vista global era bastante triste la imagen, personas que un día se levantaron para hacer su vida tan normal, pero que de un día para otro había habido un “stop, para”, tu vida va a cambiar para siempre. ¿Los planes que tenías para tu vida? Todo cambiaba y no era ni tu elección, éramos Múltiples, y eso lo cambiaba todo.

Escribí este texto, o historia, nunca supe bien cómo llamarlo; al principio del diagnóstico. Al principio de la noticia, me sentía muy encerrada en casa, no podía ir a ningún sitio siempre me encontraba con la esclerosis; estaba en una cárcel.

Noelia