Ascensores

29/05/2020 Desactivado Por Noelia Cordero

Con los ascensores en sitios como centros comerciales o paradas de metro pasa algo parecido a lo que ya os expliqué cuando hablé de los lavabos de discapacitados ¡todo el mundo los ocupa sin necesitarlo realmente!

Vamos bastante a menudo al centro comercial Diagonal Mar o en el Corte Inglés, y en muchas ocasiones no hay manera de que dejen hueco para que sillas de ruedas, gente con muletas o cochecitos puedan entrar en los ascensores. Y que conste que donde están los botones para llamar a los ascensores, hay una pegatina en la que dice quienes somos los prioritarios en el uso de los ascensores, pero no se hace ni caso a esta pegatina.

En ocasiones, Alejandro se acaba hartando de que nadie me deje un sitio en el ascensor que necesito porque yo no puedo subir de otra manera, ya me gustaría subir en escaleras mecánicas y no puedo, y éste acaba diciendo en el ascensor a gente que se baje que necesito subir en el ascensor porque de otra manera no puedo. Mucha gente se enfada y le planta cara, hay gente que se hace la sorda y otros salen rápido avergonzados porque tiene razón mi chico, hay de todo.

Un día coincidí esperando el ascensor con un par de niñas de 15 años o así que querían entrar en el ascensor antes que yo, está claro que les dije que yo tenía que entrar antes por la pegatina de fuera sobre la gente con prioridad en el ascensor. Una de ellas me dijo “estábamos esperando desde antes de que tú llegaras”, a eso le tuve que decir que ya me gustaría a mí poder usar las piernas igual que ellas las podían usar, que no había usado nunca el ascensor hasta que no había tenido más narices, que aprovecharan sus piernas por lo que pudiese pasar.

También había gente que me dejaba entrar a mí al ascensor si mi chico decía algo, pero que decían que por qué él si podía ir en el ascensor si uno de ellos se tenía que bajar, a no ser que vaya con la silla eléctrica, que no acostumbro, con la silla manual soy dependiente y necesite que alguien me lleve, no puedo ir sola, mi acompañante no se puede bajar.

Salta a la vista que a la gente le falta le falta un poco de humanidad, o quizás más bien le falta empatía. Si el ser humano fuese capaz de dejar de pensar solo en sí mismo y fuese capaz de ponerse en la posición de los otros, quizás les costaría menos coger las escaleras mecánicas.