Alimentación

03/06/2020 Desactivado Por Noelia Cordero

Hay unas cuantas cosas que he aprendido, y que aún tengo que aprender de la esclerosis, pero soy curiosa y desde el principio de todo este largo camino he ido leyendo sobre esta enfermedad que me acompaña.

Sara, mi psicóloga, me dio un libro sobre la alimentación en la EM, y desde entonces me empezó a entrar la curiosidad sobre si lo que yo acostumbraba a comer era beneficioso o no para esta enfermedad.

  • De esta manera descubrí, por ejemplo, que el pescado azul es muy beneficioso para el cerebro. Así que perfectamente puedo a la semana comer, desayunar y/o cenar pescado azul 5 – 6 veces a la semana – y que conste que nunca he sido muy fan del pescado, quizás porque en casa siempre se ha comido más pescado blanco y el azul está más bueno.
  • También he descubierto que el brócoli, que es mi verdura favorita, no solo es bueno para el cerebro, sino que es una verdura que es como un medicamento, que va bien para todo.
  • Un puñado de frutos secos en la ensalada es algo que también he acostumbrado a que se haga en mis ensaladas, ya que tienen efectos antiinflamatorios para las lesiones del cerebro y ayudan a una buena salud cerebral, además que son fuente de energía y eso ayuda a combatir un poco la fatiga.
  • Los frutos rojos que es algo que a mi siempre me habían encantado, resulta que además de estar buenísimos, son super beneficiosos también para el cerebro.

Y podría seguir, la cosa es que no solo he descubierto alimentos positivos para el cerebro, es que, al acostumbrarme a incorporar según qué alimentos a mi rutina alimenticia, ¡en mis últimos análisis de sangre he estado mejor que nunca! Lo que hace ser un poco consciente de lo que ingerimos.

No solo eso, es que, si sé, por ejemplo, que poner frutos secos en la ensalada a mediodía va a querer decir que por la tarde la fatiga no pueda conmigo porque me dan energía, me vale más la pena que tomarme un suplemento alimenticio que me anime. Soy sincera, soy bastante contraria a tomar medicamentos extra que no sean de vital necesidad, siempre y cuando haya maneras sin medicación de conseguir el mismo efecto.

Este es, obviamente, mi punto de vista, medicación únicamente la estrictamente necesaria.