Bus stop

17/12/2019 Desactivado Por Noelia Cordero

Aparentemente, no todo va sobre ruedas como el nombre de este blog. Las situaciones con las que nos tenemos que encontrar a veces los discapacitados, se pasan muchas veces de lo que se consideraría tratarnos con los mismos derechos con los que se trataría a cualquier otra persona del mundo. Por eso, había pensado a principio de año incluir una nueva categoría a este blog llamada “Accesibilidad”, pero esta última semana me han pasado dos cosas de este ámbito que se merecen adelantar un poco esta categoría. Así que esta semana como algo excepcional, va a haber entradas martes y jueves para explicaros las dos cosas que me han pasado en este ámbito.



La primera de las cosas que voy a contaros fue al volver del centro de Barcelona por la noche de ver un monólogo de Dani Rovira. Espectáculo llamado “Odio” fue divertidísimo, creo que llegué a llorar de la risa incluso. Salimos del Tívoli y tuvimos que decidir si volvíamos a casa en metro o nitbus (los autobuses que circulan por la noche en Barcelona), ese día no nos llevamos el coche porque aparcar en el centro a veces es muy difícil – en qué momento decidimos no llevarnos el coche, en serio -.-‘.

Decidimos al final coger el autobús, ya que nos llevaba directamente del centro de Barcelona a mi barrio de Badalona sin la necesidad de hacer ningún transbordo. En el metro sí que hay que hay que hacer trasbordos, así que el bus era la opción más razonable y directa. Nos subimos a la N2 tan felices después de ver el espectáculo de Dani Rovira. Unos 40 minutos después estábamos ya casi en nuestra parada – se me ha olvidado decirlo, fui a ver el espectáculo con mi pareja Alejandro -, en la parada anterior a la nuestra ya pulsamos el botón para que me pusieran la rampa y poder bajar en mi silla de ruedas. Hasta aquí todo normal, ahora viene lo “interesante” de toda esta historia.

Llegó el momento de la verdad, el conductor del autobús bajó la rampa y me abrió las puertas para que bajase. Ahí empezó el problema; al ponerme Alejandro encima de la rampa para empezar a bajar, ésta cedió y cayó plana al suelo. La silla de ruedas se me vino encima y yo salí disparada hacia delante. Durante mi momento de ir lanzada al suelo, vi que iba dirigida a la marquesina del autobús y fui lo suficientemente rápida como para tirar la cabeza hacia atrás y así no abrírmela contra la marquesina, eso podía haber sido un verdadero accidente.

Ya en el suelo, dos chicos que estaban en el autobús y se iban a bajar en nuestra misma parada corrieron a ayudarme. Me levantaron del suelo y me sentaron otra vez en la silla de ruedas. Mientras me levantaban, mi chico miró cómo estaba, y enseguida se puso a discutir con el conductor del autobús. El conductor nos culpaba y Alejandro le decía que cómo podía haber pasado algo así, que deberían asegurarse de que las rampas estén en buenas condiciones mientras demostraba que la rampa estaba defectuosa. ¿Y el conductor en toda esta situación qué hizo ademas de culparnos? NADA. Únicamente fue a mirar cómo estaba la rampa. Ni me preguntó a mi cómo estaba, ni me ofreció ayuda, ni se preocupó por nada que no fuese el autobús. Mi chico le pidió un número al que poder llamar y su número de autobús para llamar y poder poner las quejas pertinentes. Una vez nosotros ya fuera del bus, éste siguió su recorrido tan tranquilo.

Me dolía el cuello, supongo que de haber tenido que tirar la cabeza para atrás y así no golpeármela contra la marquesina. Mi chico se empeñó en ir a urgencias a Can Ruti. ¡Qué novedad ir a Can Ruti! Me hicieron radiografía, me tocaron y me dijeron que moviese el cuello para ver cómo de afectada estaba su movilidad; y tras un par de horitas salí del hospital con un collarín y un latigazo cervical.

Y desde entonces estamos liados con médicos mirándome el cuello, llamadas a la compañía de bus para que gestionen con el seguro el facilitarme el poder llegar a la rehabilitación que me han recetado los médicos. También hemos puesto reclamaciones para solicitar que miren todas las rampas antes de que el autobús salga de la cochera para evitar que esto me vuelva a suceder a mi o a cualquier otra persona, imaginaos lo mismo con una señora de 87 años o una madre con un bebé que se caen de esa manera, podría ser una desgracia. A TUSGSAL (la compañía de autobuses) le cuesta ver esto y afirman que todo lo hicieron bien, incluso el conductor dijo que fue nuestra culpa, que bajamos del bus antes de que la rampa estuviera montada; por si no lo sabéis hasta que la rampa no está puesta las puertas no se abren, y por ende, no podemos salir del autobús. 

Por ello, llevaremos esto donde haga falta, y estamos evaluando las formas de hacerlo, porque sinceramente quiero salir de casa y poder desplazarme con la tranquilidad del que no va en silla de ruedas, porque todos somos iguales y no tengo porque vivir con miedo a montarme en un autobús porque no piensen en las necesidades que tenemos. Tenemos derecho a ir seguros y ellos tienen la obligación de que nosotros lo vayamos, y espero ser la última persona a la que le pase algo parecido, al menos con esta compañía.

Después de más de una semana y media, sigo con dolores, y desde aquí lanzo una llamada a que si alguien conoce a alguien o estuvo en ese autobús, por favor se ponga en contacto conmigo para tener algún testigo de lo que pasó.

Esta ha sido la primera de las “aventuras” a las que me enfrentado en esta última semana relacionada con la discapacidad y la accesibilidad, el jueves os cuento la otra.