El salto

08/01/2021 Desactivado Por Noelia Cordero Peñas

(Este es un pequeño relato que he escrito, estoy calentando para el libro)

Y salté.

Un salto metafórico. Nada que tenga que ver con algo como saltar a las vías de un tren, o tirarme de un puente. Había llegado a un punto de mi vida en que, o decidía tomar las riendas, o iba a seguir la vida pasándome la mano por la cara sin que yo hiciera nada. Creo que a mis 28 años empezaba a ser el momento de hacer lo que me diera la gana como el nombre del nuevo CD de Dani Martín.

Lo malo es que por mucho que yo creyera que fuese mi momento, el momento de destacar y de poder, por fin, dejarme llevar por mi yo interior; algo en el cosmos había decidido que no, que no me hiciera ilusiones.

Eso es lo malo de las ilusiones, que son tan perfectas y tan bonitas, que te hacen creer que te las mereces. Mis ilusiones se desbarataron aquel sábado a eso de las 10 de la noche. Salía de trabajar para ir a buscar mi coche, había quedado con unos amigos para celebrar que había renunciado a seguir sirviendo cafés. Ese es el salto del que os hablaba, decidí dejar un trabajo fijo de 5 años para buscarme la vida. Salto al vacío sin red, paracaídas ni nada.

Pues iba yo tan feliz en mi coche de camino al centro, al encuentro con mis amigos, que no vi venir por el retrovisor un coche que no solo superaba el límite de velocidad establecido, además, iba cambiando de carril a carril como si estuviese jugando con una consola; de lo que no sabía nada, y por el retrovisor tampoco podía saberlo, es que triplicaba la tasa de alcoholemia.

Crónica de un accidente anunciado, su coche embistió contra el mío. Envió mi coche a la mediana, si no fuese porque llevaba el cinturón abrochado, habría salido despedida por la ventana. El conductor del coche que causó el accidente salió con golpes por todo el cuerpo, no obstante, sí puede contarlo.

Mis ilusiones duraron tan poco como el color de labios que me había puesto al salir de trabajar. Visto ahora desde fuera, o desde arriba más bien, todos deberíamos perseguir nuestros sueños; no sea que en vuestra carretera de la vida, se os cruce otro perdido de la vida como a mí. No quiero que nadie os fastidie las ilusiones sin que os hayan dado tiempo a pensar en qué queréis hacer.