Espástica perdida

25/11/2019 Desactivado Por Noelia Cordero

(Esta entrada lleva escrita desde que estaba en rehabilitación, pero como no pensaba que la rehabilitación se me iba a acabar tan pronto la he ido guardando n.n’)

Llevaba unas semanitas bastante buenas, escleróticamente hablando, no obstante; la esclerosis es no solo la enfermedad de las mil caras, sino de las “mil maneras de tocarte las narices y amargarte los días que estás de buen humor”. Así se levantó ayer, mi pierna literalmente era una barra de acero, la rodilla había decidido tomarse un día de vacaciones. Qué grande es la espasticidad, que es como esos primos segundos del pueblo de los que no quieres acordarte y que un día se presentan en tu casa sin avisar y desde luego tienes que aguantarlos, aunque no te haga ninguna gracia que se hayan presentado por sorpresa.

              Aún con la espasticidad tan exagerada que tenía, me fui a rehabilitación. Normalmente suelo ir con el andador, pero como mi pierna no colaboraba ayer me fui en la silla de ruedas. Al llegar la ambulancia a recogerme, la chica que la conducía ya me conocía de haber venido otros días a por mí, y me preguntó que qué pasaba que hoy no había andador; le tuve que decir que la pierna estaba de huelga.

              Al llegar al hospital me encontré con mi fisio Arancha y 4 estudiantes de prácticas. Les dije: “Os han explicado qué es la esclerosis múltiple y que uno de sus síntomas es la espasticidad?” Está claro que dijeron que sí, sin embargo, no habían visto cómo se manifestaba la espasticidad en el cuerpo de nadie. “Perfecto, mi pierna hoy es el ejemplo claro de espasticidad. Es un día perfecto para que veáis y toquéis una pierna que está rígida”. La que menos tocó mi pierna fue Arancha, todos los alumnos vieron lo que es que una pierna esté dura como una piedra y que cueste moverla. Me gustó poder ser de ayuda para estudiantes, que posiblemente en clase no pueden ver todo lo que les explican.

Mi espasticidad siguió conmigo todo el día y el día siguiente aún un poco, pero ya la podía mover un poco mejor al mediodía. La esclerosis es así, hay días que pueden ser normales; y otros que son horribles. Hay que acostumbrarse, no pasa nada siempre y cuando sea un síntoma contemplado dentro de la EM.