Grupo de jóvenes con EM

16/12/2019 Desactivado Por Noelia Cordero

Desde que llegó mi diagnóstico “maravilloso” de la esclerosis, había una cosa que yo notaba que me estaba faltando: conocer gente que estuviera en mi misma situación. Como es evidente, gente alrededor de los 30 esclerótica no crece en los árboles (menos mal), ni te los encuentras por casualidad en la calle; únicamente había conocido a algunas personas de unos 50, pero no era lo mismo.

En una de las sesiones con mi psicóloga de la Fundación de la Esclerosis Múltiple, Sara, me comentó que iban a organizar un grupo de apoyo para jóvenes con EM. Me lo dijo porque le gustaría poder contar conmigo ya me podía ir bien conocer a más jóvenes en mi lugar o en una situación semejante a la mía. ¡Qué gran idea! Me apetecía conocer a gente como yo.

La noche de antes de la primera sesión estaba realmente nerviosa, me costó muchísimo dormir. ¿Qué me iba a encontrar? ¿Gente que estuviera tan “grave” como yo? ¿Gente con síntomas totalmente diferente diferentes a los míos, como afectación al habla o a la vista? No sabía qué podía esperar y eso me agobió mucho. Lo bueno es que yo el mismo día de la primera sesión, tenía sesión individual con Sara y le pude preguntar si alguno de los otros participantes estaba peor que yo. Me dijo que todos más o menos estábamos igual. Una mentira piadosa que se le llama.

Llegaron las 4, que era la hora a la que la sesión empezaba y… ¡sorpresa! Yo era la que peor estaba. Todos caminaban estupendamente, y yo llegué con mi andador y mi férula. No sé quién se debió sentir peor: si yo, porque a casi ninguno de ellos se les notaba que están enfermos; o ellos, que al verme podían pensar que como yo estoy es lo que les puede venir más adelante.

Pese a ir animada, me costó soltarme; y desde luego no fui la primera en presentarme. Cada uno teníamos que presentarnos un poco: nombre, cuánto hacía del diagnóstico, a qué nos dedicábamos, nuestro medicamento, tipo de esclerosis, qué esperábamos y qué no esperábamos del grupo; en resumen, hablar un poco de nosotros. Todos muy majos, pero tengo que reconocer que en algún momento tuve que contener las lágrimas. Algunos estaban muy afectados por su diagnóstico y rompieron a llorar, les daba rabia tener esclerosis, y eso que ellos aún podían usar sus piernas de manera normal. No se imaginan, y espero que no tengan que vivirlo, cómo es perder el equilibrio completamente, la capacidad de mover la pierna o no tener fuerza en las manos.

El primer día desde luego fue el más duro. Nos lo pasamos muy bien, y hablamos de temas como el duelo, la comunicación, y otras cosas de las que podemos sacar beneficio. Aunque yo esté peor que otros, estamos en el mismo camino; y si lo podemos vivir juntos, será mejor para todos.

Según toque en cada sesión, la pizarra queda así de completa.