Mi año con EM

16/09/2019 0 Por Noelia Cordero

Hoy hace un año que me dieron la noticia de que la vida había decidido cambiarme las cartas. Al parecer mis jugadas le parecían a la vida demasiado fáciles, o que estaba ganando demasiado; no sé, la vida es así, te da sorpresas; obviamente no siempre del todo buenas, ¿o sí?

¿Y si de todo aquello que se nos presenta pudiésemos sacar algo positivo aunque de entrada no lo parezca?

A las 3-4 sesiones, no recuerdo exactamente cuando, mi psicóloga – con la que hablo de la Esclerosis Múltiple- me preguntó: “¿No hay nada que te parezca positivo de tu cambio de situación?” Al principio me sorprendió la pregunta, tengo 27 años, una enfermedad neurodegenerativa crónica que me puede llevar a una silla de ruedas; ¿qué de positivo puede haber en eso y en otras muchas cosas que podían venir? Después de un par de minutos sí se me ocurrió algo que me parecía digno de mención: la velocidad. Me había sido entregado el don de poderme tomar la vida con calma, y no con las prisas con las que va todo el mundo hoy en día. Me había acostumbrado a una rutina de uni por la mañana, trabajo por la tarde, plan con amigos por la noche; ¿acaso me daba tiempo de disfrutar de todo eso y de dedicarle el tiempo que se merecía? NO. Ahora me podía tomar las cosas con calma y disfrutar de todo lo que hacía. Ahora hago más cosas que antes y las disfruto como si fuera una niña pequeña que lo hace todo como si fuera la primera vez.

¿Qué más? Esto ya lo he ido pensando más tarde, la de amigos que puedes llegar a tener cuando todo va bien o por interés; y la gente que queda cuando te diagnostican una enfermedad. Es ésa, la gente que sigue ahí en los momentos no tan guays, los que son tus verdaderos amigos. A una cerveza cualquiera se apunta, a una visita médica pocos. Hay que tener muy claro en quien se puede confiar y en quién no; o quién aunque sea de vez en cuando se molesta en escribirte “¿Qué tal cómo vas?” Los verdaderos amigos los acabas contando con los dedos de una mano, y con ésos; que son los buenos te basta y te sobra.

Pero bueno, he tenido que poner mi vida durante un tiempo en “pausa” que tampoco es malo; he tenido más tiempo para pensar si voy a querer-poder seguir estudiando el grado que me cursando, lingüística, o si dedicarme a dar clase a nivel de una academia es algo que voy a poder seguir haciendo. Estoy disfrutando mucho de dar clases privadas a mi manera y no de la metodología que una academia te puede marcar, la metodología Noelia no suena mal del todo quizá la puedo crear. Ya seguiré con mi vida cuando pueda, ahora lo importante es acostumbrarse a toda esta nueva situación. Voy a seguir adelante porque desde un principio lo dije esta enfermedad no me va a parar, ya le gustaría a la esclerosis poder conmigo.

Y lo ultimo, y lo más importante, haber tenido que estar este año en casa; me ha permitido poder estar con mis sobrinas. Jugar con ellas en casa, ver el MIC, cantar Giants, dibujar “intentos” de cocodrilos y jirafas o ir al parque aunque sea a ver como ellas se tiran por el tobogán y corren como locas da la vida después de un diagnóstico tan arrasador cual Godzilla. Y ya el summum de la alegría fue cuando por fin dijeron “tía Noe”

No puedo olvidarme de la persona que más me está apoyando en todo este camino tan nuevo y tan difícil, y ante todo tan desconocido. Mi pareja es el que está llevando las riendas de toda esta situación para que yo no me hunda y me vaya a la mierda, con perdón. Él siempre me lo dice que la esclerosis puede hacer que me cueste caminar o que mi equilibrio ya no esté, sin embargo no ha cambiado mi forma de ser. Yo sigo siendo la misma con mis bromas malas, el no callarme nunca o el no dejar de cantar nunca por casa a pesar de que lo hago fatal. Él me ayuda a que todo eso no se me olvide porque desde luego la enfermedad no me lo puede quitar. Mi personalidad, lo que yo era, lo que soy, y lo que voy a seguir siendo. Esto, el no perderme a mi misma por la enfermedad es lo que más le tengo que agradecer a mi pareja Alejandro.

Aunque ninguna de las cosas a las que he tenido que enfrentarme, o he tenido que acostumbrarme; hubieran sido llevables sin tomármelo todo con humor: desde caídas en mitad del gimnasio en el hospital, a nervios de mi madre por desconocimiento de lo que me pasa. Hay que reírse más y dejarse acompañar por el equipo de personal sanitario tan genial que al menos yo me estoy encontrando: neurólogo, enfermeros, auxiliares de enfermería, psicólogo, fisios, conductores de ambulancia, secretarias, terapeuta ocupacional, ortopeda, el que me hace la resonancia magnética anual…me debo de estar dejando a alguien. Todos van conmigo y ayudan a que este largo camino sea más fácil de llevar.

Pd: Quizás no lo ha parecido, pero la EM tiene una carga psicológica bastante dura detrás. Hay días en los que te levantas de muy buen humor y con ganas de comerte el mundo, yo en mi caso luego veo el estado en el que mi pierna se ha levantado y es el mundo el que se me come a mí. Días de llantos, no querer hacer nada o pensar “¿para qué?”

-¿Para qué? Para todo lo que aún me queda por hacer, tengo sueños que a pesar de que haya que modificar un poco o hacer más tarde los quiero seguir haciendo.

¡Seguir adelante no es una opción, es una obligación!