Miedo

07/09/2020 0 Por Noelia Cordero

El miedo a mi propia enfermedad es bastante bloqueante. No, eso no es del todo verdad, no es que le tenga miedo a la esclerosis, más que el miedo normal que a este tipo de enfermedad se le tiene que tener. Me di cuenta el otro día en Port Aventura, que no es que no pueda caminar mucho o que tenga problemas para levantarme y que mi equilibrio esté frito; yo misma, mi miedo a las caídas, me incapacita más que la esclerosis en sí.

Mi chico, que siempre tiene razón y lo reconozco poco, llevaba mucho tiempo diciéndome esto: no siempre es la esclerosis, a veces eres tú misma la que te impides hacer algunas cosas.

El otro día en Port Aventura el subirme al Tutuki Splash fue bastante esclarecedor, costó horrores, pero es que era cosa mía, yo ya iba pensando que no iba a poder y desde luego a la primera no pude. Se me tuvo que hacer discursos de estos de “tú puedes” y esas cosas, pero aún así costó entrar y la gente de la cola tuvo que ayudarme luego a salir y todo.

Ya después de ver que sí podía subirme en las atracciones sin tantos problemas como pensaba, fue cuando de verdad llegué a la conclusión que sí, que la esclerosis es una enfermedad muy grave que puede complicar mucho la vida de quien la padece, no obstante, en mi caso la esclerosis no es la peor de las enemigas, la peor de las enemigas soy yo misma.

Desde que me he dado cuenta de esto, estoy intentando aplicar un método para que el miedo no me bloquee, por ejemplo, cuando tengo que salir de la ducha – que es un momento en el que suelo pedir ayuda – mentalmente me digo “vas a salir sola de la ducha”, y consigo salir sola de la ducha.

Sigo el mismo proceso para realizar todo aquello para lo que a veces, como yo misma me bloqueaba creyendo no poder hacerlo, pedía ayuda. La verdad es que está siendo muy satisfactorio darme cuenta que era mi culpa que no consiguiera hacer algún qué cosas, y que gracias a que Alejandro me dijo que me fuera como auto-hablando a mi misma sí puedo hacer muchas cosas que ya daba por perdidas.

«No importa dónde huyas, siempre acabarás encontrándote contigo misma.»

Desayuno con diamantes