Mis amigos, mis amores

02/09/2020 Desactivado Por Noelia Cordero

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, yo tengo tres amigos de verdad, tres tesoros.

Paula, Alex y Elena están acompañándome en este camino, a veces tortuoso, que puede ser la esclerosis. Conocí a los tres antes del diagnóstico, me han visto andar, bailar, hacer tonto; todas las payasadas posibles.

Conocí a la Paula cuando teníamos 9 años que se cambió de colegio y llegó a mi clase. Siempre nos habíamos llevado bien, a pesar de pertenecer a dos grupos muy distintos dentro de la misma clase. Pero nuestra unión real llegó en bachillerato, que fuimos al mismo colegio: las dos durante los dos años de bachillerato pasamos por momentos bastante duros, hemos pasado unas cuantas guerras juntas. En esta guerra, mi guerra con la esclerosis no ha dejado de estar conmigo cuando la he necesitado. De hecho, ella fue la primera que vio mis caídas en plena calle y desde siempre creyó que algo me estaba pasando a pesar de la ignoración de mi médico de cabecera.

Al Alex me lo encontré trabajando en la tienda de delante cuando trabajaba en el Starbucks de Diagonal Mar, su tienda era de zumos de fruta y después de tanto café, la fruta entraba mucho mejor en ocasiones. De que lo conocí hará unos 7 años, no era consciente de que ya era tanto tiempo. La cosa empezó con zumos y acabó derivando en explicarnos nuestras aventuras al salir de noche, las resacas y esas locuras que se hacen con 20 años. En su momento no pensaba que nuestra amistad iba a seguir una vez fuera yo del Starbucks y él del Smudy, supongo que cuando una amistad es buena atraviesa lo que haga falta. No me ha dejado de ofrecer su hombro para apoyarme desde que se enteró de mi diagnóstico.

Elena ha sido la última en llegar, la conocí trabajando en el Kids&us, ya un trabajo de enseñar. Desde un principio, no sé por qué, le expliqué que tenía problemas para andar y que mi equilibrio fallaba bastante. Nos llevamos 5 años, aunque nunca he tenido la sensación de que esa diferencia fuera importante – es más adulta con 24 años, que yo con 29 -. Ambas salimos del kids, yo porque mi pierna empezaba a afectarme a la hora de trabajar, y ella se fue porque encontró un trabajo de su carrera. Desde entonces, cada día nuestra amistad se ha hecho más fuerte.

Los tres han estado apoyándome desde el momento que les dije que tengo EM. Ninguno ha dudado nunca en estar conmigo y apoyarme cuando lo he necesitado, ya sea para acompañarme a llevar una documentación y desayunar, como para llevarme a tomarme una cerveza para desconectar de los cambios que ha dado mi vida, así como para ir de merienda y a cenar para hablar de nuestras tonterías.

Los tres me están demostrando que esta enfermedad no va a hacer que dejen de estar conmigo. Quizás nuestros planes han tenido que cambiar un poco porque la silla de ruedas no puede ir a todos los sitios en ocasiones, pero en ningún momento dudan en adaptar los planes a mis condiciones.

Que en ningún momento ninguno de los tres haya dudado en seguir conmigo, me demuestra que la esclerosis puede estar quitándome algunas de mis habilidades como andar o que estoy cansada casi siempre. Pero ellos me ayudan a seguir adelante, a no rendirme, son los mejores psicólogos del mundo.

Los quiero con locura, me ayudan a que esta enfermedad que complica mi vida muy a menudo sea más llevadera.