¿Podré algún día perdonar a la EM?

29/01/2021 Desactivado Por Noelia Cordero Peñas

Al hacer diariamente una meditación, me encuentro que algún día he hecho una para la ansiedad, para la depresión, para la crítica… pero hace dos días hice una del perdón. No estoy enfadada con nadie, realmente no he sido nunca una persona de enfadarse mucho, en realidad. Igualmente decidí hacer esa meditación.

Al no estar enfadada con nadie, decidí que con quién más estoy enfadada es con la esclerosis. Sí, la esclerosis.

Sobre todo, al principio, ahora ya no, pensaba que con la gente que hay en el mundo por qué esta enfermedad había decidido “tocarme a mí” como si esto fuese un sorteo en el cual me había tocado el peor premio que había. No le deseo esta enfermedad a nadie, no obstante, da que pensar que justamente haya sido yo, y no el vecino de enfrente. Mala suerte la mía, supongo.

También debería perdonarle no solo que la esclerosis haya decidido elegirme, sino que haya decidido, de los cuatro tipos de EM que hay, que casualmente tenga el minoritario, que es el más discapacitante, y el menos investigado ya que somos menos enfermos que en otros tipos. Yo no tendré brotes, pero cada día, al ser mi em progresiva, estaré un poco peor que el día anterior. También tengo que perdonarla por esto.

Y ya cuando gané el sorteo de la EM, comencé a perder otras cosas que sí que son por las que más enfadada con la esclerosis estoy.

Ya no puedo trabajar, nadie contrata a un profe en silla de ruedas o a alguien que no va a poder pasar mucho tiempo de pie delante de una pizarra escribiendo. Me ha quitado mi vida laboral y no únicamente eso, me ha quitado las ganas casi de buscarme la vida porque podría dar clases online y no lo estoy haciendo.

¿Y mi voz y mi energía dónde ha ido? Ayer que fue mi cumpleaños, me llamó una compañera de trabajo del Starbucks, y me dijo que cuando yo llegaba a trabajar se notaba porque tenía una energía que dejaba a todo el mundo flipando. La EM no me ha hecho muda, sigo pudiendo hablar cual cotorra y no lo hago tanto como antes, y sí la esclerosis da fatiga, pero cuando más fatigada estoy es por la tarde, por la mañana tengo energía cual torbellino y no la expando.

He perdido la valentía, yo no tenía miedo de caerme antes del diagnóstico, si me caía me levantaba y ya está. Ahora soy incapaz de ponerme de pie e intentar andar sin estar agarrada a una pared o de no necesitar la silla de ruedas, no es que la necesite porque no puedo andar, es que tengo tanto miedo de caerme, que creo que la necesito, es como mi chaleco salvavidas, en la silla no me voy a hacer daño.

¿Dónde está la Noelia que se atrevía con todo, que era imparable, que no se callaba y que era un torbellino?

¿En serio estoy enfadada con la esclerosis y no conmigo misma?

Creo que la meditación del perdón la tenía que haber orientado a perdonarme a mí. Soy yo la que llevo más de dos años diagnosticada y aún me falta un poco para acabar de acostumbrarme a que la esclerosis es mi compañera de viaje, y que a veces la única enemiga que hay aquí soy yo misma que me autosaboteo, no la esclerosis múltiple.