28/08/2020 Desactivado Por Noelia Cordero

Pues el sábado fuimos a Port Aventura. Sabíamos, porque lo habíamos visto en su página web, que era un parque temático bastante bien adaptado, pero a veces una cosa es leerlo y otra es verlo en directo. Decidimos ir a pasar el día, mi chico, mi amiga Elena, mi amigo Alex y yo.

Al llegar a lo que es la puerta de entrada de los coches había cola, como después del estado de alarma y la situación del Covid, el aforo se ha tenido que reducir así que la gente llega pronto y hace cola no vaya a ser que les digan que el aforo ya está completo cuando llegue su turno y se tengan que volver a casa.

Entramos sin problemas con lo del aforo y al ver la tarjeta de discapacitado en el coche nos hicieron entrar al parking de discapacitados. Esta zona de aparcamiento está a 5 minutos de las taquillas, poco más y aparcamos ya dentro de Port Aventura. Nos tomaron la temperatura a los 4, medidas de seguridad por el coronavirus y ya podíamos ir a comprar la entrada.

No tuvimos que ir a las taquillas normales ya que al ser discapacitada hay una taquilla como de ayuda especial donde, no solo compramos mi entrada sino la de todos. Además, me dieron una pulsera que marcaba que soy discapacitada y nos comentaron que tanto yo como hasta 4 acompañantes míos, no tendríamos que hacer cola en las atracciones – obviamente en aquellas atracciones donde yo me subiera, si había alguna atracción donde ellos querían subir y yo no, tenían que hacer cola normal -.

Una vez dentro, la primera atracción que te encuentras es el Furius Baco. Yo iba con el miedo en el cuerpo dos razones:

  1. No sabía cómo la espástica de mi pierna iba a reaccionar ante una situación en la que no se había visto antes.
  2. Si yo no me podía subir en las atracciones, mis acompañantes, a los que no quería fastidiar el día, se iban a tener que comer las colas.

¿Qué pasó por ir con miedo?

(Tengo pensada una entrada sobre este miedo que me bloqueó, y que me bloquea tan a menudo las piernas)

Pues que me fue imposible subirme, no soy muy fan de esta atracción siendo sincera, pero si tenía que subirme por ellos, pues me subía. Pero no pude, pagamos por novatos y fuimos a la siguiente.

La siguiente atracción es la que más me gusta el Tutuki Splash, de agua con el calor que hacía, apetecía bastante, no obstante, seguía con un miedo íncreible. Costó subir, pero lo acabé consiguiendo.

¿Lo mejor?

Esto no lo había dicho aún, pero en discapacitados que tenemos dificultades para subir a las atracciones, y para bajar, nos dejan subir dos veces seguidas en la misma atracción.

Una vez ya se me pasó el miedo, y vi que no era tan difícil subir y bajar, las siguientes atracciones ya me fue mucho más fácil subir y bajar. De hecho, a los Tronquitos estuvimos subidos 3 veces seguidas porque hay un tronquito siempre parado para casos como el mío porque si no en el tronco hay que montarse a medida que circula. ¡Nos pusimos de agua hasta la ropa interior después de las 3 veces!

Hay una atracción, Angkor, en que incluso pude subir directamente en la silla de ruedas, nada de complicarme la vida subiendo y bajando de la atracción, únicamente tuvimos que esperar a que llegase el vagoncito para silla de ruedas.

En todas las demás atracciones me pude subir sin ningún problema. Los rápidos es la única atracción que no está adaptada, en todas las demás puedo subir. El Dragon Khan, el Furius Baco y el Shambala como tampoco me apasionan, ellos que sí que querían subir hicieron cola y yo los esperé abajo. La que me dolió no poder subir, y es mi favorita de Port Aventura, es la caída libre; pero no pude subir por problemas míos, no porque la atracción no fuese adaptada.

En todos los lavabos de Port Aventura hay lavabo para discapacitados, que la gente no ocupa por la cara como pasa en otros sitios. Y a la hora de comer, una trabajadora muy amable nos dirigió a una mesa que no estuviese en alto ni nada como pasaba con otras de las mesas dónde comimos.

Durante todo el día hubo risas, bromas, cachondeo, todo lo que parecía que faltaba un poco desde el diagnóstico. El sábado pasé uno de los mejores días desde que me diagnosticaron EM. Un día que me hizo darme cuenta de que, aunque la esclerosis esté conmigo, puedo disfrutar como si no pasara nada. No solamente disfruté como una niña pequeña, se me llegó a olvidar que estoy enferma de lo increíble que estaba siendo el día.