Recuerdos

01/02/2021 Desactivado Por Noelia Cordero Peñas

Sí, es cierto que ya no puedo pegarme los paseos, o incluso las carreras que me pegaba antes. Lo de conducir hasta que no adquiera un coche adaptado, no puedo hacerlo tampoco.

Que haya cosas que ahora mismo ya no pueda hacer, no me quita el recuerdo de las cosas que sí he podido vivir hasta el día de hoy. Los recuerdos, eso sí, pueden ser un arma de doble filo. Hasta no hace mucho – bueno, creo que aún todavía lo hago un poco – solía aferrarme a muchos de los recuerdos de cosas que ya no puedo hacer. No solo aferrarme, llegaba al punto de torturarme incluso.

¿Y si miro esos recuerdos, como momentos que me hicieron muy feliz? Por eso hay tantas cosas de las que me acuerdo, por alguna razón para mí significaron algo en su momento, y mi subconsciente ha decidido conservar esos recuerdos cerca para poder acceder a ellos cada vez que quiera.

No tengo que mirar estos recuerdos como algo triste que ya no puedo hacer, sino como momentos importantes por alguna razón he querido seguir recordando.

Desde que la em me quitó la capacidad de correr, no he dejado de decirme a mí misma y a mis amigos que yo antes corría, como si el que yo lo dijese mucho fuese una especie de encantamiento que fuera a provocar que de sopetón me iba a poner a correr como si fuese Usain Bolt. En lugar de eso, debería pensar en todo el esfuerzo y trabajo que me supuso el conseguir de no hacer nada de deporte, acabar bastantes carreras de 10km. Que la primera vez que acabé la carrera del Corte Inglés, se me saltaron unas lágrimas porque no me creía capaz de ello, para mí ese esfuerzo físico era impensable.

Ahora mismo no puedo conducir, tuve que dejar a mi Churrito porque ya pisar los pedales de freno y acelerador me costaba. Pero siempre me seguiré acordando de todos y cada uno de los sitios a los que mi volante me llevó. Las veces que he ido cantando, creyéndome Adele al salir de trabajar volviendo del trabajo por la noche. A los amigos que llevé en mi coche, a ése que me dio una libertad que me encantaba. Y también lo que me costó liquidar el crédito para pagar dos años antes de lo que debía, esto fue lo primero de adulto que hice, lo feliz que me hizo ya dejar de pagar el coche.

¿Y lo de trabajar? Tuve la suerte de pasar 6 años en Starbucks en los que conocí a gente increíble, mucha de ella ha marcado quien soy ahora. Pero me sigo acordando de turnos, de bailar y cantar en la barra. De salir de fiesta o tomar algo juntos, de que gracias a tantas horas de pie rodeada café me permitió llegar a un trabajo más para mí. Me duele el haber podido pasar poco tiempo dando clase, pero aún me acuerdo del primer día que di clase en la academia, de lo que significó por fin el poder enseñar inglés, a mí, que las lenguas son las cosas que más me llena del mundo y que enseñarlas es todo un gustazo que haría gratis incluso.

Y más allá del tema de andar, correr, conducir, trabajar…me gusta pensar que aproveché el tiempo todo lo que pude. Miro atrás, pero en ningún momento pienso en que he dejado de hacer alguna cosa mientras he podido. He hecho todo lo que he querido hasta que he podido, por eso los recuerdos son un arma de doble filo: me hacen pensar en todo lo que aprovechaba antes mi tiempo, y todo lo que hacía; pero pensándolo ahora, tengo que pensar en todos estos recuerdos como huellas de cosas geniales que aproveché mi tiempo para hacer, no desperdicié mi tiempo en ningún momento y eso es con lo que me voy a quedar.